Canfranc: el coraje maño contra el poder nazi (Parte 1)

Un tren que transporta oro nazi, la presencia de las SS y la Gestapo, el camino hacia la libertad de muchos judíos y alemanes perdedores, espías...

No, no es una película ni una novela histórica. Esto es la historia de Canfranc.
Los Melogramers nos hemos ido a descubrir este edificio que en su día fue mucho más que una estación internacional de ferrocarriles. 
¿Queréis descubrirlo con nosotros?




Canfranc se encuentra justo en la cordillera fronteriza con Francia, y se comunica con ésta gracias al túnel de Somport, inaugurandose el 18 de Julio de 1928.





Mucho os podríamos contar sobre su construcción y su arquitectura, pero para eso ya está la Wikipedia. Nosotros vamos a mostraros nuestra visita y a explicaros como el coraje maño de un pequeño pueblo liderado por Albert Le Lay, conocido como el Rey de Canfranc, se enfrentó a los nazis.







Hasta hace no mucho el oro de Canfranc era una leyenda. Hoy en día podemos afirmar que sí, que existió, y era el pago que hacían los alemanes al gobierno de Franco por el Wolframio que éste les enviaba para la fabricación de armamento, desde las minas gallegas.




Pero no sólo oro pasó por estas vías. Durante los años 1942-43 fue la puerta de entrada a la libertad de muchos judíos que huían de los alemanes. Los canfraneros, con Albert Le Lay al frente, fueron los artífices y ejecutores de todo un plan estratégico para ayudarles a pasar la frontera. Algunos de ellos jugándose la vida, pasando correspondencia clandestina...  sí, gente de pueblo ejerciendo de espías en toda regla, arriesgando sus vidas por salvar las de otros. 






¿Y quién era este tal Albert Le Lay? Pues en principio se trataba del jefe de la aduana francesa. Pero eso no era más que la tapadera a todo lo que este "gran hombre" escondía bajo su elegante apariencia. Albert Le Lay era un espía en activo bajo las ordenes de la Resistencia.

Le Lay quiso combatir contra los alemanes, pero el alto mando de la Resistencia, conocedor de la importancia del punto estratégico que era Canfranc, le pidió que permaneciese allí, al frente de la estación, donde podía resultar mucho más útil para la lucha antinazi.

Y desde Canfranc jugó su doble papel: por un lado permitía el transporte de oro y wolframio entre Hitler y Franco; por otro, facilitaba que cientos de judíos huyesen a España, y que los mensajes del espionaje llegaran hasta Londres vía Madrid.



Evidentemente, todo esto no lo hacía sólo. Canfraneros, gente del pueblo, gente corriente que no levantaba la más mínima sospecha, sabían de la maniobra de Le Lay para salvar vidas judías, y se volcaron con él. Todo el pueblo callaba, todo el pueblo iba a una. Cartas clandestinas en las faldas de una mañica con pinta de bonachona, quien sospecharía de ella?  Además, novia de un miembro de la benemérita, ¿como iba a ser ella una traidora? 
Pues sí, doña Lola calló durante décadas su historia, por miedo, el mismo miedo que vivió en esa época, pero que no le impidió ser complice en la gran proeza de Le Lay.




No obstante la gran labor de los canfraneros y Le Lay, la Gestapo y las SS destinadas en la parte francesa de la aduana internacional devolvieron a muchos judíos, (sobre todo padres de familia), o los deportaron. De todo esto se tiene noticia gracias a los escritos póstumos de un oficial de aduana que, entre 1935 y 1946, desvela el paso de tres trenes diarios con huidos del genocidio. Éste mismo señala que la Gestapo impidió la entrada de muchos, que fueron detenidos y deportados.






Canfranc significó la libertad para los aliados en la Segunda Guerra Mundial. En los trenes se pasó documentación vital entre la Resistencia Francesa y los estados mayores de Gran Bretaña y EEUU, que sirvió para derrotar a Hitler. Pero este hecho no ha sido sabido hasta hace muy poco.









Finalmente Le Lay es descubierto, y la Gestapo decide detenerle. Alguien avisa a nuestro "Schindler" francés, y éste y su familia emprenden una rocambolesca huida. Nuestro heroe consiguió establecerse clandestinamente en San Juan de la Luz (al fondo del golfo de Vizcaya), hasta su muerte.





Tras la gran guerra, las desavenencias entre España y Francia propiciarán el parón total de la línea durante lustros. La línea funcionaba en territorio español, partiendo de Zaragoza, pero no iba más allá de la estación.


Desde entonces, la decadencia y el abandono acompañan la estación internacional, tan solo los canfraneros siguen su lucha reivindicativa para que este lugar, epicentro de la vida en el pueblo antaño, vuelva a recuperar el esplendor de tiempos pasados.





Sobre el 2005, las reivindicaciones surten efecto por fin y se comienzan obras de restauración, proyectando en el edificio de la estación y en sus alrededores un gran hotel de lujo y zonas residenciales, para potenciar el turismo en la zona.




Nosotros hemos sido de los afortunados que lo hemos podido disfrutar en su estado puro, manteniendo la esencia de lo que un día fue. 

Os invitamos a que hagáis lo mismo y conozcáis parte de nuestra historia más reciente y lamentablemente, más olvidada. 


En el próximo post os mostraremos todo lo que pudimos ver durante la visita guiada al interior de la antigua estación. No os lo perdáis!!




Si queréis leer más sobre Canfranc, aquí os dejamos varios enlaces con más info y fotografías:



http://www.viajesenelobjetivo.com/2013/07/08/estacion-internacional-de-canfranc-un-viaje-al-pasado/

https://historiayviajes.wordpress.com/la-segunda-guerra-mundial/canfranc-la-estacion-ferroviaria-estrategica/


http://www.descubrehuesca.com/huesca/estacion-ferrocarril-canfranc/

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